El blog de Ranse

24.3.06

El mayor cineasta de la historia


Charles Chaplin. Sin duda. Productor. Director. Guionista. Actor. Compositor de la música de sus películas. Si hay alguien que cumpla con los requisitos de la famosa (y erróneamente aplicada muchas veces) política de los autores, es este prodigio de artista. Y no le hacía falta la palabra, de la que renegó para el cine durante bastantes años, aunque fue capaz de producir fantásticas películas parlantes (no por su gusto, sino porque el público ya no quería films mudos). Hacer reír y llorar de emoción en escasos 80 minutos es muy, muy complicado (habrá a quien le deje indiferente, como a mí las fresas con nata: hay gente pa' tó). Pero, por favor, probad a ver Luces de la ciudad. Historia manida: el vagabundo que se enamora de una vendedora de flores desvalida (ciega) y remueve cielo y tierra para sacarla de su pobreza y devolverle la vista, sin importarle quedar en el anonimato. Bueno, pues risas hay para dar y tomar: la escena de los espagueti en el restaurante, las caídas al río de Charlot y su amigo suicida y, sobre todo, el maravilloso combate de boxeo (¡este tío era de goma!). Y para la lagrimita (es opcional, claro), el final: el lento reconocimiento de la vendedora de flores, recuperada ya la vista, de su benefactor. El intercambio plano-contraplano, tan sencillo, unido a la gran interpretación de los actores, lo dice todo. Y no hacen falta ni "te quieros" ni besos. Sólo amor (por el cine, por la vida y por las personas de bien). ¡Y pensar que Hoover le hizo marcharse de EE. UU! Menos mal que, a veces, la Historia coloca a cada uno en el lugar que le corresponde. Y cualquiera puede imaginarse donde está Hoover y dónde está Chaplin. En el mismo sitio, no.

7.3.06

Oscars 2006


Que si ha sido una gala aburrida, que si las películas estaban apartadas los gustos del "gran público" (llevo años esperando a que alguien me explique qué es eso). No, hombres y mujeres, no. Ha estado bien, incluso diría que muy bien. La gala tuvo unn presentador inteligente (algo histriónico por momentos, quizá), que desde el primer momento se ganó mi respeto riéndose del problema de la piratería en las mismas barbas de tantos multimillonarios; también fue bastante ágil, dejando lugar a momentos muy emotivos, como el homenaje al gran Robert Altman o la preciosa sección "in memoriam". Y en cuanto a los premios, pues estuvieron repartidos. ¿Por qué? Porque los miembros de la Academia han querido este año valorar actuaciones, guiones y direcciones que se propusieron remover conciencias, sobre todo las de una parte (la más atrofiada) de la sociedad norteamericana. Personalmente me hubiese gustado que Buenas noches y buena suerte se hubiese llevado algo (aunque el Oscar a George Clooney sirvió de compensación, al menos para él personalmente), y también que los Oscars musicales hubiesen ido a parar a otras manos (no me gustó nada el rap ganador y la banda sonora original de Gustavo Santaolalla para Brokeback Mountain tiene un tema principal para mí gusto demasiado pachanguero). De todas maneras, estoy más de acuerdo con los premios de esta edición que con los de muchas otras anteriores (me estoy acordando del año de Shakespeare In Love: ¡agh!). Y, ante todo, debemos tener presente que se trata de unos galardones hechos por y para la industria cinematográfica de EE.UU., y no un canon de perfección para el cine universal. Vamos, que tienen mucha repercusión mediática, pero no es obligatorio compartir nada de lo que de allí sale.
Así que, si en EE.UU. la gala y las películas candidatas han tenido poca audiencia, pensemos que la gente que las ha visto es (por lo menos parte de) las personas que más valen la pena de ese país.