Cine para principiantes (y para iniciados, ¡qué coño!)
Hay que ver lo que son las etiquetas. Que si el Dogma 95, que si el Dogma 95 lo otro, que si una tomadura de pelo, que si una genialidad... Pero lo que verdaderamente importa en cine es tener algo interesante que contar, con unos buenos diálogos (si los diálogos son importantes para la historia), un cuidado tratamiento de los personajes y, para mí sobre todo, mucha sensibilidad. Claro que esto útil es tan difícil (o fácil) de medir como el gusto p
ersonal. Viene esto a cuento porque Italiano para principiantes (Italiensk for begyndere, Lone Scherfig, 2000), es una pequeña joya del cine, precisamente porque cumple esas condiciones a las que me refería. Y eso que lo único que cuenta es algo tan manido en el cine como las historias de amor. Porque verdaderamente tiene mérito emocionar con algo que ya se ha experimentado tantas veces que casi da miedo volverlo a intentar. A riesgo de ser pedante, diré que ya los griegos se habían dado cuenta de que ir al teatro a ver la enésima variante sobre la tragedia de Edipo no tenía por qué ser cargante: dependía de la habilidad del dramaturgo y el director de escena.
Y si nos cuentan una estupenda historia y nos la cuentan espléndidamente, ¿qué más dará el rodaje en vídeo digital, la cámara al hombro o los actores (supuestamente) no profesionales?
Y si nos cuentan una estupenda historia y nos la cuentan espléndidamente, ¿qué más dará el rodaje en vídeo digital, la cámara al hombro o los actores (supuestamente) no profesionales?
Si no la habéis visto, vedla.

