El blog de Ranse

30.5.06

Una película capriana en España

Conocido es a través de este blog mi amor por el cine de Frank Capra, que sé compartido por muchos aficionados al cine. Para ellos (bueno, para todos) va mi recomendación sobre esta película española, Un ángel pasó por Brooklyn, dirigida en 1958 por Ladislao Vajda. Vajda era un cineasta húngaro, profesional de largo recorrido en casi todas las facetas de la producción cinematográfica (trabajó con Billy Wilder en Alemania, por ejemplo) que se asentó en España tras la II Guerra Mundial. Quizá su film más conocido sea Marcelino pan y vino (1955), premiado en Cannes y Berlín. En Un ángel pasó por Brooklyn los ecos se Capra son evidentes: un abogado avaricioso y de mal genio (fantástico Peter Ustinov) se transforma en perro por algún designio divino para que pueda comprender lo que se siente cuando uno es pobre, no tiene amparo, y cualquier ayuda de los demás es bienvenida. Su salvador es un niño, el famoso en aquellos años Pablito Calvo, al que deberá agradecer, no sólo el recuperar la forma humana, sino la nueva visión de la vida que adoptará a partir de ahora (¿no os recuerda Atrapado en el tiempo, otra peli de la onda?). No falta la historia de amor, en este caso la de su abnegado pasante con una huérfana a la que un novio de mala vida está a punto de jugarle una mala pasada. En fin, contada así parece lacrimógena y sensiblera, y es cierto que algunas escenas son facilonas (la declaración de amor del pasante y la aceptación de la chica, por ejemplo). Vaya, que no es una obra maestra. Pero sí me parecen muy ingeniosos ciertos recursos de guión que traban muy bien la película, y que se basan en la animalización de la personalidad del abogado antes y después de su transformación en perro. Es maravillosa la secuencia en que Ustinov enseña a ladrar a su pasante (antes de metamorfosearse); y en los momentos posteriores a la recuperación de su forma cotidiana, el abogado continúa teniendo ademanes caninos (¡qué bien interpretados!), lo cual aporta una dosis de humor adecuada para que nos traguemos la píldora enternecedora. En fin, que queda claro que yo me la he tragado. Intentadlo vosotros.