
Ayer conseguí ver la única película que me faltaba por conocer de Sam Peckinpah. Se trata de la última que realizó: Clave Omega (The Osterman Weekend, 1983). Y la verdad es que confirmé la impresión que tenía: la etapa final de este genio del cine fue desastrosa: ni Los aristócratas del crimen (The Killer Elite, 1975), ni Convoy (Convoy, 1978) resisten un visionado mínimamente crítico. Parece como si la inteligencia y la voluntad de Peckinpah estuviesen nubladas permanentemente por algún tipo de narcótico. Quizá las historias tampoco le favorecían mucho, pero creo que un Peckinpah en tan bajo estado de forma hubiese estropeado el guión de Perros de paja (Straw Dogs, 1971), para mí una de sus obras cumbre. En Los aristócratas... las cámaras lentas, en otros contextos apropiadas, convierten a unos ninjas en auténticos payasos, mientras que Clave Omega estropea las posibilidades que ofrecía su trama: unos amigos sospechosos de comunistas en los EE.UU. se reúnen para pasar un fin de semana en la casa de uno de ellos, de quien desconfían que va a traicionarles. La puesta en escena no le era desconocida a Peckinpah: un ambiente pequeño y cerrado, miedo y odio entre los personajes, el abuso de poder por parte de los altos cargos del Gobierno... Sin embargo, por no haber, no hay una mínima dirección de los intérpretes, que están patéticamente sobreactuados; y eso que disponía de Burt Lancaster, Dennis Hopper o William Hurt.
En fin: me quedo con el resto de su filmografía, que compensa con creces estos fiascos. Eso sí: está bien que nuestros mitos a veces nos demuestren que eran humanos, pero hubiese preferido que Peckinpah no lo hubiese hecho tan crudamente.

1 Comments:
Que casualidad porque yo también vi por primera vez "Clave: Omega" el otro dia (creo que fue en AXN). La había dejado intuyendo que los críticos tenían razón y la película fuese tan mala como siempre había leído. Y efectivamente, se cumplió lo peor. Y coincido contigo, el guión navegaba en terreno conocido para él pero se fue a pique probablemente porque el capitán ya estaba más "para allí que para aquí". Una pena que el maestro acabase de forma tan indigna.
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Sr Blas, at 11 mayo, 2006 18:39
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